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Abrapalabra Taller Literario
Lanús - Argentina
Taller de escritura, lectura y análisis crítico y
degustativo de las palabras y las metáforas.

Integrantes: Betty Capella, Roberto Cerello, Fabián Di Lernia, Alejandra Fariña, Silvia Fornaro, Miguel Fraguela, María Centurión y Julián Pagano.

Coordinadora: Andrea Testa


Encuentros: Sábados de 17:30 a 19:30 Hs

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Últimos comentarios de este Blog

29/01/13 | 21:13: daniel coletta dice:
muy muy bueno y además, conmovedor. Yo desee lo mismo cuando tenía 7
06/01/12 | 23:44: Miguel Fraguela dice:
¡Excelente Fabián! Gran poder de sintesis para describir la distancia entre la esperanza y lo que no se puede alcanzar. Este cuento es una pintura. También a mí me conmovió.
17/12/11 | 09:00: Elena A.Navarro(Falta tiempo para tanto decir) dice:
Muy bueno el relato con un final extraordinario, conmovedor
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sean, además de un hecho estético, un acto de comunicación.


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Fantasma



 I

 

  Paseaba por el barrio como si tal cosa: arrogante, indiferente al menosprecio de los vecinos que ya no la miraban con respeto.  No era muy querida, aunque… Algunos acudían a ella  buscando consuelo, un refugio para tanta angustia o… desesperación.

  A veces, los recibía y los hundía en la calma, dejando perpleja a la familia que, hasta entonces, no encontraba la manera de brindar “paz” a esos espíritus atormentados.

 Confieso que alguna vez me acerqué a ella  agobiada de pesares y preocupaciones, me jugó una mala pasada; pero cuando ella quiso llegar a mí… yo pude rechazarla, me costó; pero…  creo que lo hemos comprendido y aceptado: actuar de frente y con franqueza.

  Tenía la manía de enviar mensajes, al principio…  llegué a preocuparme, hasta comprender que era su mano la que soltaba en mi jardín una paloma melancólica. O arrojaba una piedrecita en la ventana, inquietándonos, rompiendo la armonía del pensamiento.

  Entonces, la imaginación llamaba a la fantasía y era un presagio, un anuncio, una muerte

“alguien va a morir, encontré un pájaro en la puerta de la casa” “algo va a acontecer lo sé, lo siento, algo va a suceder… y no es bueno” “sentí que golpeaban la ventana, me aproximé, corrí la cortina y no había nadie, solo una sombra se enredaba en el pino.”

  Y así vivíamos, en un clima de superstición, de fantasía. Todo ruido. Toda sombra, corte de electricidad, maullidos  de gatos, movimientos de cortinas, aullidos  de perros… Todo. Todo tenía significado esotérico.

  Me negaba a aceptar esa situación de misterio que nos había atrapado.

  Algo tenía que hacer:¿ investigar, vigilar? Algo tenía que hacer y lo hice.

  Estaba atenta al ritmo de la casa: llamaba el teléfono y corría a atender. Leía las cartas, las facturas, los impuestos, revisaba los correos electrónicos, los mensajes de texto, no era una mamá, era el detective Stivenson.

  Más que oír intuí que sonaba el timbre de la calle, corrí a la ventana y la vi: alta, inexpresiva; con los ojos le pregunté a quién buscaba, me señaló la casa de mi suegra y se fue, era su manera de jugar, de estar presente.

  Sentí piedad, no amor ni amistad, hay misiones duras en la vida: la mía es ser madre, la de ella deambular sin cariño, en soledad.

No apareció por largo tiempo.

   II

 

Mariano llegó como una bendición a la casa de la esquina, pequeñito, con la cabeza llena de rulos, tenía la edad de mi hijo, crecieron juntos y fueron grandes amigos. Sabía que era hijo adoptivo, como  su hermana, Sarita, y él la amaba, como amaba y respetaba a sus padres.

Buena gente Mariano Acosta: antes de terminar el ciclo secundario, se enamoró de Virginia Vidal y desde entonces se lo veía poco.

  Pasaba largas temporadas en Santa Clara del Mar y mi hijo no le perdonó el abandono, como yo, no le perdoné a nuestra solitaria visitante que se apasionara con Mariano.

  Él amaba a Virginia y no bien se recibió de abogado, se casó. Al poco tiempo nació Juan Cruz; pero Mariano ya había caído en la red seductora que ella le tendiera.

  Fue en Santa Clara del Mar, Mariano se hallaba absorto en la contemplación del sol sobre las olas cuando sintió un golpe en una de sus piernas: le habían arrojado una piedra. Giró la cabeza y sus ojos se encontraron con unos ojos fríos y supo que ya no podía escapar de esos ojos, de esa mirada que le producía escalosfríos y dolor, un dolor tan intenso como el que sentí yo al comprenderlo.

  Del Mariano Acosta, el Negro para los muchachos y amigos, no quedaba más que el recuerdo.

  Él, no hablaba, permanecía ausente, quizá… perdido el pensamiento en esos ojos de mirada fría, en ese dolor, que no lo dejaba respirar.  Sonreía a penas con el balbuceo de Juan Cruz.

  Y un día de diciembre decidió irse con ella:

  Nos quedamos perplejos, consternados.

  No puedo explicar lo que sentí: furia, indignación y una pena muy onda que aún me dura, por Juan Cruz y por Virginia.

  Ayer, la vi, después de casi dos años de ausencia, pasear por el barrio como si tal cosa, doblé en la esquina para cualquier parte, no quería encontrarme con sus ojos.

  Entré en el supermercado, cosa que rara vez hago, ya que pido por teléfono lo que necesito.

  Me encontré con un  vecino que me cedió su lugar   en la cola y suspiré aliviada, (había logrado evadir a ese ser nefasto) nefasto no, inesperado en ese momento.

  Pedí una bondiola de cerdo, mi vecino me dio varias recetas para preparar el cerdo: en milanesas, a la plancha, con queso roquefort… le respondí… que lo iba hacer a la cerveza.

  Nos despedimos. Él, me pidió que lo esperara, así me ayudaba con las bolsas; pero yo quería huir de ese lugar. Sentí una molestia… ¡calor, frió… no se! El hombre sonreía, y ella desde la góndola de los lácteos nos miraba. Lo dejé con la palabra en la boca y una sonrisa buena que iluminaba el rostro, (me duele este recuerdo).

  Me encontré con su hija esta mañana y le pedí que saludara a su padre en mi nombre, los ojos se le llenaron de lágrimas…  se había ido con ella.

  Entonces, saqué un pasaje para Río de Janeiro..

  Se que es mi turno.

  Es lo único que puedo hacer para evitar que por un tiempo no pasee por el barrio.

 

                                                                                         Betty Capella

 

 

 

 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
15/09/08 | 13:52: carmen dice:
que buen texto, buenisimo, no la nombraste pero la conozco, paso por aqui hace poco.
carmensolari@live.com.ar
 
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