Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Sábado 19 de octubre de 2019
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
Abrapalabra Taller Literario
Lanús - Argentina
Taller de escritura, lectura y análisis crítico y
degustativo de las palabras y las metáforas.

Integrantes: Betty Capella, Roberto Cerello, Fabián Di Lernia, Alejandra Fariña, Silvia Fornaro, Miguel Fraguela, María Centurión y Julián Pagano.

Coordinadora: Andrea Testa


Encuentros: Sábados de 17:30 a 19:30 Hs

Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Septiembre 2012
CASTIGO
Mostrar datos Marzo 2012
Mostrar datos Diciembre 2011
Mostrar datos Noviembre 2011
Mostrar datos Septiembre 2011
Mostrar datos Julio 2011
Mostrar datos Junio 2011
Mostrar datos Mayo 2011
Mostrar datos Abril 2011
Mostrar datos Marzo 2011
Mostrar datos Febrero 2011
Mostrar datos Enero 2011
Mostrar datos Diciembre 2010
Mostrar datos Noviembre 2010
Mostrar datos Septiembre 2010
Mostrar datos Julio 2010
Mostrar datos Junio 2010
Mostrar datos Mayo 2010
Mostrar datos Marzo 2010
Mostrar datos Febrero 2010
Mostrar datos Enero 2010
Mostrar datos Diciembre 2009
Mostrar datos Noviembre 2009
Mostrar datos Octubre 2009
Mostrar datos Septiembre 2009
Mostrar datos Agosto 2009
Mostrar datos Julio 2009
Mostrar datos Junio 2009
Mostrar datos Mayo 2009
Mostrar datos Abril 2009
Mostrar datos Marzo 2009
Mostrar datos Febrero 2009
Mostrar datos Diciembre 2008
Mostrar datos Noviembre 2008
Mostrar datos Octubre 2008
Mostrar datos Septiembre 2008
Mostrar datos Agosto 2008
Mostrar datos Julio 2008
Mostrar datos Junio 2008
Mostrar datos Mayo 2008
Mostrar datos Abril 2008
Mostrar datos Marzo 2008
Mostrar datos Febrero 2008
Mostrar datos Enero 2008
Mostrar datos Diciembre 2007
Mostrar datos Noviembre 2007
Mostrar datos Octubre 2007
Mostrar datos Septiembre 2007
Entrá a Radio La Quebrada

Últimos comentarios de este Blog

29/01/13 | 21:13: daniel coletta dice:
muy muy bueno y además, conmovedor. Yo desee lo mismo cuando tenía 7
06/01/12 | 23:44: Miguel Fraguela dice:
¡Excelente Fabián! Gran poder de sintesis para describir la distancia entre la esperanza y lo que no se puede alcanzar. Este cuento es una pintura. También a mí me conmovió.
17/12/11 | 09:00: Elena A.Navarro(Falta tiempo para tanto decir) dice:
Muy bueno el relato con un final extraordinario, conmovedor
Vínculos
El Oráculo de la Recova El Oráculo de la Recova
Aventuras en la colonia de Buenos Aires

En El Oráculo de la Recova se suceden historias y aventuras entramadas con paisajes y pers... Ampliar

Comprar$ 28.00

Entrá a Radio La Quebrada

ABRAPALABRA


En este blog encontrarás los textos producidos por los
integrantes del taller, ya sean con consignas previamente
dadas o textos libres.
Creemos y sostenemos el "trabajo de escritura" y "el
aprendizaje en grupo".
Escucha y debate son nuestras herramientas para darle
alas a las palabras; para que poesías, cuentos, ensayos,
sean, además de un hecho estético, un acto de comunicación.


Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

LAS AZUCENAS



Habían florecido las azucenas, todas juntas, de repente: un leve estremecimiento y el aire convirtiéndose en brisa tibia y perfumada.
Brisa que embriagaba a la mujer que guiaba a la manguera, para que cayeran las gotitas de cristal de roca, sobre las raíces de los árboles, sobre las hojas verdes de las enredaderas, sobre el terciopelo oscuro de los malvones.
Habían florecido las azucenas, todas juntas ante la mirada de la mujer que se negaba a aceptar lo que veía.
Y esa suave fragancia a azucenas y lirios en flor la saturaban, hasta necesitar el amparo del árbol.
Se recostó unos instantes dejando fijos los ojos en las azucenas niñas, recién nacidas:”es magia” y se abrazó a la anacahuita.
Se separó del árbol con un movimiento brusco, había olvidado la manguera que en libertad comenzó a hacer de las suyas: anegando canteros, dejando que el agua corriera alegremente por el parque.
Se apretó las sienes pensando que estaba influenciada por Zahira.
La había hecho regresar antes de tiempo de ese viaje tan cuidadosamente proyectado.
Zahira sabía que uno de los sueños más preciados que tenía lo conservaba intacto desde la adolescencia, era conocer su país: no desde una pintoresca tarjeta postal, quería meterse en la postal.
Zahira se reía al encontrarla absorta en la contemplación de una estampa: “¡Bajá del Catedral!” la asustaba, riéndose.
Estaba convencida que ya llegaría su tiempo. Y fue así, que ingresó en la carrera de turismo.
El tiempo transcurría lento para su ansiedad; pero al terminar la carrera consiguió un trabajo, y al correr de los meses, contando con el entusiasmo de unos compañeros lograron abrir una agencia de turismo.
Pero ella tenía el pensamiento y los ojos puestos en el sur.
Había recorrido el Bolsón, Zapala, Esquel y en Bariloche, con las pupilas llenas de colores nuevos, con el alma adormecida por perfumes desconocidos, exóticos, con una felicidad… Tan nueva; pero largamente soñada, buscada… Porque ella si, trabajó para lograr esa felicidad que la embargaba.
Hizo una carrera, puso una agencia. Y sobre todo trabajó.
Largas noches sin dormir: planificando, consultando mapas, organizando los viajes, teniendo en cuenta hasta el más ínfimo detalle y ese era el premio, su premio. Ganaba dinero disfrutando y haciendo disfrutar a los demás.
¡Qué hermoso era el sur!
En el viento helado se sentía el lamento del mapuche. En cada piedra había una historia de dolor y sufrimiento. Con esos pensamientos andaba, mientras se internaba en un tupido bosque de arrayanes… Lento, muy lento, con la cámara en la mano, conteniendo la respiración para no hacer ruido, para no perturbar a los dueños del lugar.
Caminaba a su lado, en silencio, pegado a ella, como una sombra, su amigo inseparable, compañero de aventuras y mano derecha de la agencia: Silvio Valdés, inteligente y desinteresado. Había decidido acompañarla en este sueño que les daba placer a los dos.
Ella se sacudió y levantó la cámara. Él, se quedó inmóvil.
Desde el tronco de un árbol corpulento brillaban innumerables puntitos de luz, infinidad de ojos, caritas de diversas formas, adheridas a la corteza del árbol o brotando de él. Retrocedió.
Con un gesto le indicó a Silvio que regresara y él la siguió.
Caminaban callados, sombríos. Algo había cambiado en ellos.
Se encontraron para cenar.
Silvio le reprochó enérgicamente el haber estropeado el trabajo. Eran “gnomos” pero no tenían pruebas para demostrarlo. Hubiera resultado un excelente golpe publicitario para la agencia.
Ya no tenemos tiempo de volver. En pocas horas salimos para Madryn. Tendrás que continuar solo, regreso a Buenos Aires.
Silvio la miraba con perplejidad,habían planeado el viaje al sur con tanto sacrificio, con tanto ardor… Y ahora ella lo dejaba solo en plena excursión.
- No entiendo.- dijo Silvio, con la voz ronca de fastidio.
- Es Zahira.
Silvio estaba enamorado de Zahira y sintió el calor en las mejillas.
- Se encuentra al borde del estrés y me pide que regrese...
- ¿Y vas a dejar que te manipule una vez más?. Estamos trabajando.
- Lo sé. Y vos sabés cuanto me cuesta regresar.
Comieron en silencio. Con el último sorbo de café ella dijo:
- Te debo una explicación: no pude filmar lo que veía. Me sentía tan feliz, tan… emocionada que no pude robar ese secreto... Se nos había permitido penetrar en el misterio vegetal, participar de la magia y no pude robar, lo dejé para otros. Demasiado me duelen las voces que trae el viento, la voz del pehuenche reclamando su tierra, el clamor del mapuche por sus piedras, por sus ríos: No quiero robar, tenemos las manos llena de sangre del… No me hagas caso. Me duele el sur.
Y así, lo había dejado a Silvio con la responsabilidad del trabajo. Hasta Bariloche, todo fue un acierto: el contingente se demostraba alegre y satisfecho. Esperaba que Silvio no le guardara rencor. Que comprendiera lo que ella no entendía.
Alguien recogió la manguera, la mujer se separó violentamente del árbol mojándose los pies; pero no pudo decir nada. Abrió la boca pero el sonido, la palabra se había ausentado de su garganta.
Zahira abrió la puerta de la casa y atravesó el parque corriendo.
Silvio llamaba por teléfono.“Si no te apurás, puede cortar.”
Comenzó a caminar despacio con las manos apretándose el pecho para disimular la emoción, el temblor de las manos. Se detuvo antes de entrar y volvió la mirada hacia el parque, no era espejismo. No era el reflejo del sol, ni el producto de su mente cansada: el hombrecito estaba en el cerco regando los ligustros.
Silvio le comunicaba que todo andaba bien y que al día siguiente iniciaban el regreso; pero que no podía dejar de estar preocupado por ella.
Ella le manifestó con la voz temblorosa que lo necesitaba, que viniera a verla no bien llegara a Buenos Aires.
No podía levantarse del sillón, estaba aturdida, en Bariloche… Silvio tenía razón, misterios de la naturaleza; ¿pero las azucenas? ¿Y ese ser en el jardín?
Se puso de pie dispuesta a enfrentar a ese hombrecito y terminar con tanta tontería.
Un fuerte olor a incienso la hizo estornudar.
Atravesó el living y al basar por el cuarto de Zahira abrió la puerta: debajo de una lámpara que emanaba luz violeta se hallaba Zahira, en éxtasis, vestida con una túnica blanca, descalza y con los cabellos sueltos y mojados.
La muchacha se golpeaba las rodillas y la mesa giraba lentamente.
Cerró la puerta y se dirigió al parque.
El hombre regaba las camelias.
Se acercó hasta donde la dejó el temor: “Buen día . ¿Podría decirme desde cuando trabaja aquí?”
No obtuvo respuesta.
¿Podría decirme quién lo contrató? porque esta propiedad es mía, yo soy la dueña.
El hombre soltó la manguera y comenzó a caminar. La mujer lo seguía. ¿No me oye? ¡Le estoy hablando!
Y el miedo se transformó en una furia caliente.
La mujer corría tras el hombre sin poder alcanzarlo. Le gritaba enardecida de odio. Le arrojó una piedra; pero nada.
Ella corría, insultaba y la distancia era la misma.
El hombrecito caminaba al mismo ritmo, sin mover la cabeza, sin mirar para atrás.
Zahira abrió la ventana y, al contemplar la escena, corrió junto a su hermana que yacía desmayada junto a las azucenas.
Le golpeó el rostro con las manos mojadas tratando de hacerla reaccionar.
Abrió los ojos y un largo suspiro se escapó de su pecho: Es horrible Zahira.
- Ya lo sé. No intentes seguirlo, nunca lograrás alcanzarlo. Yo, ya lo hice y me fue muy mal, es un espíritu.
- ¡Ay Zahira! Que sin sentido es todo esto. Voy a llamar a Nazareno Manantiales, él si entiende lo que es esoterismo.
- Ya lo hice yo. Cuando te pedí que regresaras y me di cuenta que la distancia era inmensa, que no llegarías tan rápido como yo necesitaba, acudí a él y no te imaginas lo que sucedió. Vino con su ayudante y al no alcanzar a Serafín…
- ¿Quién es Serafín?
- El duende del jardín, yo lo bauticé. Y te sigo contando. Cavó un pozo profundo, colocó en el interior pólvora, velas… ¡Y que se yo cuantas cosas más, hasta unas monedas de oro!
La hermana sonreía.
- No te rías, es serio.
El hombrecito del jardín (Serafín) se confundía con los ligustros, no había viento y la luna brillaba como nunca: a una señal de Nazareno Manantiales, el ayudante encendió un fósforo, arrojó al hoyo.
¡Ay! Creí que me hallaba en el infierno, los árboles se sacudían, los pisos temblaban y las lenguas de fuego llegaban a la copa de los árboles.
Me dieron ganas de reír, lo que es peor, de bailar, de desnudarme.
La voz de Nazareno me aplacó por un momento; pero no pude dominarme cuando comenzó a decir: “en el nombre de Jesús y de María os mando espíritus malignos alejaos de nosotros y de este lugar…”
No pude aguantar la risa y riendo a carcajadas corrí a buscar a Serafín para bailar.
Serafín se confundía con las hojas del ligustro y no pude llagar a él. Lo llamé a gritos. Estiré los brazos para zamarrearlo, fue imposible, un abismo invisible separaba a todos los que intentaban aproximarse a él.
Bailé semidesnuda al ritmo del exorcismo de Nazareno Manantiales… Y sentí… que las salamandras me seguían en la danza.
La mujer se cubrió el rostro con las manos. La risa de Zahira le lastimaban los oídos, con un hilo de voz le pregunto:”¿y las azucenas?”
Rió con más fuerza, una risa destemplada, exasperante y respondió: “ahora dormí, eso nunca lo sabrás.”
Se habían marchitado las azucenas, todas juntas, de repente.

Betty Capella

Calificación:  Votar Aún no han votado este texto  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
17/05/08 | 12:18: gustavo wehrly dice:
Hola Betty soy Gustavo, te cuento que el relato me gusto, pero no pude entender la finalidad de la ficción, si te digo la narración impecable en sus tiempos y formas cuidando todos los detalles liguisticos, pero la historia no me llego, de todas maneras soy un afcionado que no tengo preparacion academica, asi que si mi opinion te molestó te pido disculpas, te mando un saludo Gustavo Wehrly
gustavowehrly@hotmail.com
 
Últimas entradas del mes
23/10 | 16:46 INMORTALES
04/10 | 11:27 MEGALÓPOLIS
25/10 | 22:29 Acto Final
25/10 | 22:26 Primavera
19/10 | 09:54 OPRESIONES Y RESISTENCIAS
05/10 | 10:29 EL ESCARABAJO AZUL
03/10 | 18:10 HABER
28/10 | 00:26 SEPTIEMBRE
22/10 | 09:57 MIEDO
22/10 | 09:56 Y AHORA QUE SOY UNA MESA
20/10 | 12:13 La literatura y yo
20/10 | 12:11 Insomnio de una mujer
16/10 | 21:07 autografía
13/10 | 12:50 EL HOMBRE ZANAHORIA
09/10 | 10:06 nonosuneelamor


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2019- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS